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El enigma de Guadalupe I PARTE

Yendo mas allá de un arquetipo  de las masas de creyentes del Cristianismo Católico, la Virgen María se ha convertido en símbolo de esperanza; evocando el principio femenino de la naturaleza y despertando la pureza de intenciones entre sus fieles.

Desde los principios de los primeros grupos cristianos,  esta “presencia” se ha manifestado en diferentes epocas, lugares y circunstancias, presentando un mensaje de paz y clamando por la llamada “conversión”, una filosofia de vida cuyas bases se sientan en el respeto al projimo y a la naturaleza misma. Muchos son los llamados fenómenos fisicos manifestados en estas “Apariciones Marianas”, como introdujeramos en otro apartado sobre el llamado por los Ufologos: “Humanoide de Fatima” ha sido uno de los mas sonados y de connotaciones mas misteriosas y fantasticas. Sin embargo pocos han dejado huella en las mentes de los fieles y  mas dudas que respuestas a los cientificos como la llamada “Aparicion de la Virgen de Guadalupe”, en Mexico. Aunque en la red existe cantidad exagerada de información respecto a este misterio, quise investigar un poco y recopilar datos interesantes que ayudan a la comparación informativa de los buenos lectores de Enigma-tico.com. Aca presento los hechos acaecidos acerca de este impresionante capitulo de la FE.

En el Tepeyac

Juan Diego caminaba cada sábado y domingo a la iglesia, partiendo a la mañana muy temprano, antes que amaneciera, para llegar a tiempo a la Santa Misa y a las clases de instrucción religiosa. Caminaba descalzo, como la gente de su clase macehualli, ya que sólo los miembros de las clases superiores de los aztecas usaban cactlis, o sandalias, confeccionadas con fibras vegetales o de pieles. En esas frías madrugadas usaba para protegerse del frío una manta, tilma o ayate, tejida con fibras del maguey, el cactus típico de la región. El algodón era solo usado por los aztecas mas privilegiados. El Sábado 9 de Diciembre de 1531, muy de mañana, durante una de sus caminatas camino a Tenochtitlán, -recorridos que solían tomar unas tres horas y media a través de montañas y poblados-, Juan Diego se dirigía a la Misa Sabatina de la Virgen María y al catecismo, a la "doctrina" en Tlatelolco, atendida por los franciscanos del primer convento que entonces se había erigido en la Ciudad de México. Cuando el humilde indio llegó a las faldas del cerro llamado Tepeyac, -en donde actualmente se le conoce como "Capilla del Cerrito"-, de repente escuchó cantos preciosos, armoniosos y dulces que venían de lo alto del cerro, le pareció que eran coros de distintas aves que se respondían unos a otros en un concierto de extraordinaria belleza, observó una nube blanca y resplandeciente, y que se alcanzaba a distinguir un maravilloso arco iris de diversos colores. Juan Diego quedó absorto y fuera de sí por el asombro y "se dijo ¿Por ventura soy digno, soy merecedor de lo que oigo? ¿Quizá nomás lo estoy soñando? ¿Quizá solamente lo veo como entre sueños? ¿Dónde estoy? ¿Dónde me veo? ¿Acaso allá donde dejaron dicho los antiguos nuestros antepasados, nuestros abuelos: en la tierra de las flores, en la tierra del maíz, de nuestra carne, de nuestro sustento, acaso en la tierra celestial? Hacia allá estaba viendo, arriba del cerrillo, del lado de donde sale el sol, de donde procedía el precioso canto celestial." Estando en este arrobamiento, de pronto, cesó el canto, y oyó que una voz como de mujer, dulce y delicada, le llamaba, de arriba del cerrillo, le decía por su nombre, de manera muy cariñosa: "Juanito, Juan Dieguito". Sin ninguna turbación, el indio decidió ir a donde lo llamaban, alegre y contento comenzó a subir el cerrillo y cuando llegó a la cumbre se encontró con una bellísima Doncella que allí lo aguardaba de pie y lo llamó para que se acercara. Cuando llegó frente a Ella se dio cuenta, con gran asombro, de la hermosura de su rostro, su perfecta belleza, "su vestido relucía como el sol, como que reverberaba, y la piedra, el risco en el que estaba de pie, como que lanzaba rayos; el resplandor de Ella como preciosas piedras, como ajorca (todo lo más bello) parecía: la tierra como que relumbraba con los resplandores del arco iris en la niebla. Y los mezquites y nopales y las demás hierbecillas que allá se suelen dar, parecían como esmeraldas. Como turquesa aparecía su follaje. Y su tronco, sus espinas, sus aguates, relucían como el oro". Todo manifestaba la presencia divina. Ante Ella, Juan Diego se postró, y escuchó la voz de la dulce y afable Señora del Cielo, en idioma Mexicano, "le dijo: 'Escucha, hijo mío el menor, Juanito. ¿A dónde te diriges? ' Y él le contestó: 'Mi Señora, Reina, Muchachita mía, allá llegaré, a tu casita de México Tlatilolco, a seguir las cosas de Dios que nos dan, que nos enseñan quienes son las imágenes de Nuestro Señor, nuestros Sacerdotes'". Así se inició el diálogo filial que Juan Diego tuvo con Nuestra Señora de Guadalupe. El prudente obispo Zumárraga, se manifestó escéptico al relato del visitante. Pero el 12 de diciembre de 1531 había que creer o reventar. El indio se apareció nuevamente en el despacho de su Excelencia con su poncho repleto de rosas. Ya ahí la cosa cambió. Rosas milagrosas en pleno invierno que sellaron para la eternidad la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe. A partir de entonces y hasta su muerte, el santo indígena se encargo de anunciar el milagroso encuentro, viviendo y sirviendo en la ermita recién construida, según la voluntad de “Nuestra Señora de Guadalupe”, a los pies del cerro del Tepeyac, y en donde fue colocada la sagrada Imagen, que fuera la prueba contundente para Mons. Juan de Jumárraga, Obispo de México en aquel entonces, creyera en aquel relato por el que infinidad de veces Juan Diego lo visitaba. San Juan Diego nació en 1474 en el "calpulli" de Tlayacac en Cuauhtitlán, estaba localizado a 20 kilómetros al norte de Tenochnitlán, México; establecido en 1168 por la tribu nahua y conquistado por el jefe Azteca Axayacatl en 1467. Cuando nació recibió el nombre de Cuauhtlatoatzin, que quiere decir "el que habla como águila" o "águila que habla". Juan Diego perteneció a la más numerosa y baja clase del Imperio Azteca; según el Nican Mopohua, era un "macehualli", o "pobre indio", es decir uno que no pertenecía a ninguna de las categorías sociales del Imperio, como funcionarios, sacerdotes, guerreros, mercaderes, etc., ni tampoco formaba parte de la clase de los esclavos. Hablándole a “Nuestra Señora” él se describe como "un hombrecillo" o un don nadie, y atribuye a esto su falta de credibilidad ante el Obispo. Se dedicó a trabajar la tierra y fabricar matas las que luego vendía. Poseía un terreno en el que construyó una pequeña vivienda. Más adelante, contrajo matrimonio con una nativa sin llegar a tener hijos. Juan Diego antes de su conversión era un hombre muy devoto y religioso, -como lo testifica las Informaciones Guadalupanas de 1666-, esto lo ayudó a poder estar mejor preparado para que, entre los años de 1524 y 1525, realice una opción total por el Cristianismo, bautizándose junto a su esposa; él recibió el nombre de Juan Diego y ella el de María Lucía. Fueron bautizados por el misionero franciscano Fray Toribio de Benavente, llamado por los indios "Motolinia" o " el pobre", por su extrema gentileza y piedad y las ropas raídas que vestía. De acuerdo a la primera investigación formal realizada por la Iglesia sobre los sucesos -las Informaciones Guadalupanas de 1666-, Juan Diego parece haber sido un hombre muy devoto y religioso, aún antes de su conversión. Sin embargo se ha llegado a pensar que por su nombre (Cuauhtlatoatzin), mas bien Juan Diego seria un indigena bastante culto e ilustrado sobre el mito y leyenda esoterica femenina Azteca, pero eso lo veremos mas adelante.

Se conoce de las llamadas apariciones por medio de un documento historico conocido como Nican Mopohua, que es un escrito originalmente en lengua náhuatl "lingua franca" en Mesoamérica, y todavía en uso en varias regiones de México. A pesar de que muchos documentos indígenas comienzan con el Nican Mopohua, estas dos palabras iniciales han permanecido por antonomasia para identificar este relato. El título completo es: "Aquí se cuenta se ordena como hace poco milagrosamente se apareció la Perfecta Virgen Santa María, Madre de Dios, nuestra Reina; allá en el Tepeyac, de renombre Guadalupe". El autor del documento fue Don Antonio Valeriano (1520-1605), sabio indígena y aventajado discípulo de Fr. Bernardino de Sahún. Valeriano recibió la historia por el mismo Juan Diego, quien murió en 1548. Otro documento por demas interesante es el Nican Motecpana, el cual trátase de un documento, al igual que el Nican Mopohua, escrito en lengua náhuatl. Es obra del fecundo autor e historiador mestizo Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, quien lo escribió en 1590, autoría que consta por el testimonio de D. Carlos de Sigüenza y Góngora. Su nombre procede de las primeras palabras con que comienza su texto: "Aquí se pone en orden…" Es un valioso documento que complementa al Nican Mopohua y proporciona rica información sobre la persona misma de Juan Diego Cuauhtlatoatzin, su esposa María Lucía y el tío de Juan Diego: Juan Bernardino. Asimismo, narra algunos milagros de la Virgen de Guadalupe. Sintéticamente, el Nican Motecpana narra que, tras las apariciones, Juan Diego se fue a vivir a una casita junto a la ermita, dejando su propia casa y tierras a su tío Juan Bernardino. Refiere, asimismo, que Juan Diego era viudo cuando se le apareció la Señora del Cielo, habiendo muerto dos años antes su esposa María Lucía, con quien había vivido castamente. Relata igualmente la peste que asoló la región en 1544 debido a la cual murió el tío Juan Bernardino, el 15 de mayo, no sin antes haber éste recibido la visita y consuelo de la Virgen de Guadalupe. A la muerte de Juan Bernardino, fue llevado su cuerpo al Tepeyac para ser sepultado dentro del templo de la Señora de Cielo; tenía 86 años. Tiempo después, en 1548 (el mismo año en que murió Fray Juan de Zumárraga), murió también Juan Diego, tras 16 años de servir a la Virgen. Tenía alrededor de 74 años. Fue sepultado, como su tío, dentro del templo. De igual modo, el Nican Motecpana menciona "incontables milagros", describiendo concretamente 14 atribuidos a la intercesión de la Virgen de Guadalupe. Diversos hechos que narra el Nican Motecpana han podido ser verificados históricamente por fuentes históricas independientes, así como por el testimonio de distintos cronistas. Documentos como los Anales de Puebla y Tlaxcala, los Anales de Catedral, el Añalejo de Bartolache [vid. supra] o el Códice 1548 o "Escalada" [vid. infra], coinciden al situar la muerte de Juan Diego en 1548. Aun asi, son incontables los escepticos que atribuyen una falta inmensa de pruebas confiables sobre la veracidad historica del Nican Mopohua, incluso se niega la existencia de Juan Diego, asegurando que todo es una estrategia de la Iglesia para cristianizar los indigenas Aztecas de la epoca que,  aunque superficialmente habian cedido al yugo español, aun portaban rastros de cosmogonia y creencia indigena, algo muy similar se dice de la llamada “Virgen de los Angeles” en Costa Rica (ver articulo sobre apariciones marianas en Costa Rica). Pero como veremos mas adelante, el misterio de “la señora del Tepeyac” va mas alla de las pretensiones inquisidoras de algunos “monges locos” queriendo imponer la cruz a la fuerza sobre el pueblo Azteca, pues con cada investigacion se desvelan nuevos misterios sobre este particular caso. No pretendo con este articulo volcarme por tal o cual bando en pro o en contra, mas bien poner en perspectiva los hechos interesantes tratando de ser lo mas objetivo posible. El ayate de Juan Diego permaneció en el Tepeyac después de las apariciones, y sólo salió de ahí en 1629 durante una inundación general en la ciudad de México, permaneciendo en la Catedral Metropolitana hasta 1634, año en que volvió a su ermita en Tepeaquilla.

Sobre el Ayate

A continuación hago un resumen de los hechos mas interesantes y controversiales del ayate de Guadalupe, que conforman las columnas del misterio de este particular, mas luego tambien citare interesantes investigaciones que dejan entrever la posibilidad de que el Ayate en si sea una especie de Fraude bienintencionado, mas la duda permanece: La estatura de la Virgen en el ayate o Tilma representa a una joven cuya edad aproximada es de 18 a 20 años. Su rostro es moreno, ovalado y en actitud de profunda oración. Su semblante es dulce, fresco, amable, refleja amor y ternura, además de una gran fortaleza. El ayate en el que se encuentra plasmada la imagen de la Virgen de Guadalupe está hecho de fibra de maguey, de la variedad conocida con agave popolute; mide 1.78 m. de largo por 1.03 m. de ancho. Consta de dos piezas unidas por el centro de arriba abajo con un delgado hilo, sin que la unión atraviese el rostro de la Virgen, debido a que su cabeza esta ligeramente inclinada. El cuadro que se conserva en la moderna Basílica del Tepeyac mide aproximadamente 66 x 41 pulgadas y la imagen de la Virgen ocupa unas 56 pulgadas del mismo. Las 56 pulgadas que ocupa la Virgen equivalen a 142.24 centímetros. El hecho mas interesante es que la fibra de Maguey dura en condiciones idoneas unos 20 años, aplicando recinas o lacas protectoras la tela podria durar unos 30 años, sin embargo hasta este momento la fibra ya presenta una duracion de 476 años sin presentar la degradacion natural, aunque se sabe que la imagen si ha sido retocada. En 1936, un análisis realizado por el doctor Richard Kuhn (premio Nobel de Química en 1938) sobre varios hilos del manto arrojaban un resultado sorprendente: "... en las dos fibras -una de color rojo y otra amarilla- no existían colorantes vegetales, ni colorantes animales, ni colorantes minerales." Los análisis del Dr. Kuhn no dejaban lugar a la duda: la imagen de la tilma no había sido realizada mediante procedimientos pictóricos convencionales. Sin embargo, otro análisis -esta vez realizado en 1980- vendría a completar el realizado por Kuhn. El nuevo análisis fue llevado a cabo por Jody Brant Smith (miembro del equipo de la NASA que estudió en su día la Sábana Santa) y Philip Serna Callagan (también miembro de la NASA y gran experto en pintura) y consistió en una serie de fotografías infrarrojas tomadas a escasos centímetros de la tilma. Los resultados -al igual que sucediera con el análisis de Kuhn- fueron tan increíbles como desconcertantes. Al parecer numerosas partes de la imagen actual, como los rayos solares, las estrellas o la fimbria del manto son el resultado de diferentes retoques que la imagen habría sufrido a lo largo de su historia. Sin embargo, la imagen original no contenía materia pictórica y tampoco se apreciaban pinceladas ni trazos que explicaran la formación de la misteriosa imagen. La conclusión de los científicos estadounidenses no dejaba lugar a la duda: la figura original es del todo punto INEXPLICABLE. En la actualidad, dicha tilma se encuentra protegida por un grueso cristal que la protege contra agentes externos como el polvo, humos, etc. Sin embargo esto no ha sido así siempre. Durante los primeros 116 años, la imagen estuvo expuesta a los fieles, al humo de velas e incienso y, sobre todo a la humedad y salitre propias de la zona en la que se encontraba (en aquella época las aguas del lago de Texcoco llegaban cerca del cerro de Tepeyac). Si a todo esto unimos las continuas frotaciones que cientos de miles de fieles realizaron con estampas, medallas, etc... y la escasa calidad de la tilma -de una fibra rudimentaria-, resulta verdaderamente asombroso que el manto se encuentre en tan buen estado. Los propios científicos y restauradores de obras de arte han coincidido en este extremo. Existen otros hechos interesantes que se han acumulado con los años, enriqueciendo aun mas el enigma:

  • Estudios oftalmológicos realizados a los ojos de María han detectado que al acercarles luz, la retina se contrae y al retirar la luz, se vuelve a dilatar, exactamente como ocurre en un ojo vivo.
  • La temperatura de la fibra de maguey con que está construida la tilma, mantiene una temperatura constante de 36.6 grados, la misma que el cuerpo de una persona viva.
  • Uno de los médicos que analizó la tilma, colocó su estetoscopio debajo de la cinta que María posee y escuchó latidos que rítmicamente se repiten a 115 pulsaciones por minuto, igual que un bebé en el vientre materno.
  • Se ha hecho pasar un rayo láser en forma lateral sobre la tela, detectándose que la coloración de la misma no está ni en el anverso ni en el reverso, sino que los colores flotan a una distancia de tres décimas de milímetro sobre el tejido, sin tocarlo. Los colores flotan en el aire, sobre la superficie de la tilma. 
  • La fibra de maguey que constituye la tela de la imagen, no puede perdurar más que 20 o 30 años. Hace varios siglos se pintó una réplica de la imagen en una tela de fibra de maguey similar, y la misma se desintegró después de varias décadas. Mientras tanto, a casi 500 años del milagro, la imagen de María sigue tan firme como el primer día. La ciencia no se explica el origen de la incorruptibilidad de la tela.
  • En el año 1791 se vuelca accidentalmente ácido (muriático o Nitrico aun no se tiene claro) en el lado superior derecho de la tela. En un lapso de 30 días, sin tratamiento alguno, se reconstituye extrañamente el tejido dañado, aunque como se desconoce la sustancia derramada podria decirse que el daño fue minimo y no como deberia haber sido según especialistas en Quimica.
  • Las estrellas visibles en el Manto de María reflejan la exacta configuración y posición que el cielo de México presentaba en el día en que se produjo el milagro.
  • A inicios del siglo XX, un hombre aparentemente puso una bomba de alto poder entre un arreglo floral, el cual colocó a los pies de la tilma. La explosión destruyó todo alrededor, menos la tilma, que permaneció en perfecto estado de conservación.
  • La ciencia descubrió que los ojos de María poseen los tres efectos de refracción de la imagen de un ojo humano.

Todos estos y otros interesantes hechos los analizaremos mas adelante en detalle.

Cronologia que acrecienta el enigma

En 1929 el fotógrafo Alfonso Marcué González descubre una figura humana microscópica en el ojo derecho de la Virgen. Desde entonces, el misterio de esas pupilas interroga a la ciencia. En el año 1936 el Obispo de México hace analizar tres fibras del manto por el que posteriormente sería premio Nobel de Química del año 1938 y 1949, el Dr. Richard Khun (de origen judío). Este descubrió que la pintura no tenía ningún origen vegetal ni mineral ni animal ni ningún otro elemento de los 111 conocidos, por lo que dedujo que la pintura no es de origen conocido. En el siglo XVIII se hizo una réplica lo más parecida al original y se pudo comprobar que el poncho confeccionado con las mismas fibras de maguey se hizo polvo en sólo 15 años. La conservación de casi 500 años de la tilma original es un verdadero fenómeno inexplicable. En el año 1956 el oftalmólogo Dr. Torruela Bueno descubre que al acercarse al ojo para realizarle un fondo de ojo, la pupila se cierra y al apartar la luz se dilata nuevamente, como si fuera el ojo humano de una persona viva. En julio de 1956 el Dr. Lavoignet después de 8 meses de trabajos, descubre el fenómeno óptico de la "triple imagen de Purkinge-Samson", que es el fenómeno óptico que hace que en el ojo humano se formen las tres refracciones del objeto visto. Al acercar el lente para hacer un fondo de ojo, observaron una vez más que con la luz la pupila se contraía y al retirarla se dilataba nuevamente. El 7 de mayo de 1979 los científicos Jody Brand Smith, profesor de estética y de filosofía en el Pensacola College, y Phillip Serna Callahan, biofísico de la Universidad de Florida y especialista en pintura y miembros de la NASA, analizan la tilma sin encontrar pintura en el original de la imagen. Prueban que no es fotografía pues no ha se ha impresionado al tejido. También descubren que la tilma conserva sin ninguna explicación la temperatura del cuerpo humano, de alrededor de 36,6 a 37º. Al acercarse a ver la tela a menos de 10 centímetros, no se ve nada más que las fibras del manto, los colores ya no son visibles, desaparecen. Los científicos de la NASA descubren también que al pasar un rayo láser por la tela, colocándola de costado, el mismo pasa sin tocar la pintura ni la tela. De este modo comprueban que la pintura está suspendida en el aire, por tres décimas de milímetros, o sea que la misma no está pegada en el manto, sino tan solo suspendida en el aire cual si fuera una especie de Holograma. También un ginecólogo, al colocar el estetoscopio debajo de la cinta de armiño donde se ve que la Virgen se encuentra encinta, se da cuenta que siente ruidos de latidos rítmicos. Los cuenta y se lleva la sorpresa de que son de 115 a 120 pulsos en un minuto, que vienen a ser los latidos en dicha cantidad  de un niño real.

La postura escéptica

Uno de los puntos en los que se basan los escepticos para desvirtuar la veracidad de la tilma y los hechos de las apariciones es en primera instancia, el examen de las fibras del ayate por parte de los cientificos, específicamente el Dr Kuhn. Se asegura que no existió un protocolo que controlara la recogida de muestras para su análisis. Sencillamente, el abad de la basílica regaló al obispo de Saltillo, Felipe Cortés, unos hilos supuestamente procedentes del tejido original. Éste, pasado algún tiempo, le entregó dos hebras al metalúrgico Sodi Pallarés que, por mediación del profesor de alemán Hahn, se las envió al doctor Kuhn. Ni uno sólo de estos pasos tuvo ningún tipo de control, lo que, por sí mismo, desvirtúa cualquier resultado obtenido. La conclusión del químico austríaco fue que en los dos hilos entregados no había restos de colorantes vegetales, animales ni minerales, es decir, que no habían sido pintados por ninguna técnica existente en el S XVI. Sorprendente pero menos si tenemos en cuenta que idéntica pretensión existió sobre la Sábana Santa de Turín hasta que se encargó su análisis al doctor McCrone, recientemente fallecido. La experiencia en este caso demostró que los restos de determinados pigmentos sólo aparecían con el uso de técnicas muy avanzadas. Así, tras una investigación mediante fotografía infrarroja realizada por Smith y Callagan éstos aseguraron que la Guadalupana había sido repintada y retocada en ocasiones. Por tanto, tienen que existir pigmentos en la tilma salvo que pensemos que las restauraciones fueran también milagrosas. ¿Qué queda de la supuesta efigie milagrosa original? “Por encima de cualquier duda, las fotografías infrarrojas prueban que el azul del manto y el rosa de la túnica son originales y que nunca fueron retocados ni sobrepintados. Es más: han permanecido indemnes al tiempo a pesar de los cuatro siglos y medio transcurridos” (del libro “El misterio de la Virgen de Guadalupe”-J.J.Benitez) ¿Es posible delimitar un poco más la cuestión de si se produjeron repintes y cuándo? En el Nican Mopohua se afirma que la imagen se formó tal y como se conservaba en ese momento. ¿Cuándo fue ese momento? Aunque por cuestiones filológicas se considere que es bastante anterior a la obra de Lasso de la Vega y que fue escrito en el S XVI, la fecha exacta de su composición es un misterio. Aunque los partidarios de su historicidad (por cierto, obviando que es una obra literaria) crean que se redactó en torno a 1.540 eso es imposible por cuanto el supuesto milagro (o aparición) no tuvo lugar hasta 1.555. Así se atestigua en los Anales de Juan Bautista, en el sermón del Padre Bustamante (que considera en 1.556 que la devoción era novedosa) y en la carta del virrey Martín Enríquez. Todos ellos coinciden en que fue en esas fechas cuando comenzó la devoción a la Guadalupana, contradiciendo la afirmación del Nican Mopohua de que tuvo lugar en 1.531 y explicando la paradoja que supone que el testigo del prodigio de la tilma, el obispo Zumárraga, negara en 1.547 que en su propia época se produjeran milagros. El por qué el anónimo escritor de este texto (aunque se atribuye a Antonio Valeriano no hay pruebas de su autoría) cambió las fechas e introdujo como personaje a Zumárraga (fallecido en 1.548) debe ser entendido bien como una confusión, bien como una ficción literaria. La crítica textual moderna ha encontrado claros paralelismos entre el Nican Mopohua y las narraciones de la aparición de su homónima en Extremadura. Tampoco lo que podríamos llamar “milagro de las flores” es algo desconocido en la hagiografía contemporánea. Un ejemplo de ello, podemos encontrarlo en la vida del franciscano Diego de Alcalá. Tanto es así que algunos investigadores contemporáneos consideran que el Nican Mopohua, aunque fuera escrito por alguien perteneciente a la cultura náhuatl, es una adaptación de un texto en castellano.

Durante siglos, el cuestionar la autenticidad de la Aparición y del milagroso ayate ha sido la mejor forma de encontrarse con problemas. Desde el padre Bustamante, que tuvo que enfrentarse a una investigación en 1.566 por haber asegurado públicamente que la pintura había sido realizada por el indio Marcos y por dudar de los milagros atribuidos a ella, hasta el padre Sevando Teresa de Mier que después de haber calificado a la historia de la Aparición como “leyenda” estuvo a punto de ser linchado en pleno S XIX. Así no es extraño que Joaquín García Icazbalceta, el más grande de los historiadores mexicanos decimonónicos, se hiciera de rogar cuando el arzobispo de México le pidió, a finales del XIX, que escribiera sobre este tema. Sólo cuando el arzobispo se lo pidió como amigo y se lo ordenó como autoridad religiosa accedió a ello. El resultado fue el más célebre de los alegatos anti-aparicionistas y cuyo contenido, realmente explosivo, D. Joaquín pidió que no se hiciera público aunque finalmente si se dio a la imprenta. Podríamos pensar que eso era cosa de otros tiempos, pero incluso hoy es una postura incómoda como podría testificar el abad de la basílica de Guadalupe, padre Schulenburg, que después de hacer pública su opinión de que la historia de Juan Diego era una leyenda se vio presionado para que presentara su renuncia. Desde medios pro-aparicionistas exaltados incluso se le llegó a tildar de racista y a decir barbaridades tales como que por su origen alemán despreciaba a los que no eran blancos. El escándalo fue mayúsculo tanto más cuanto que se estaba preparando el ascenso a los altares del indígena. La polémica, sin embargo, ha tenido un aspecto positivo. Se ha prestado mayor atención a todo lo relacionado con la efigie y, como fruto de ello, se han hecho públicas informaciones que hasta el momento habían permanecido ocultas. Citaremos tres de ellas publicadas en el semanario mexicano El Proceso por Rodrigo Vera, un periodista experto en el tema del guadalupanismo: En 1.947 y 1.973 la pintura de la Virgen fue restaurada por D. José Antonio Flores Gómez. En la entrevista (“Un restaurador de la guadalupana expone detalles técnicos que desmitifican la imagen.” Por Rodrigo Vera. El Proceso nº 1.343) afirma: “Una restauración implica pintar las partes dañadas, no toda la imagen, porque eso es ya una repintada, que es otra cosa. De manera que le metí mano a una parte de la túnica. Pero no a las estrellas estampadas en ella porque ya estaban repintadas.” Para la restauración usó pinturas “De agua. Era obligado. Tenía que ser de las disueltas en agua y no en aceite porque son de las que se usaron originalmente. De ahí que se hayan desprendido tan fácilmente.” “Descubrí que la tela no es de ixtle, como se dice, pues el ixtle tiene una trama muy tosca, muy rústica, con un cordel muy grueso. En cambio, la imagen Guadalupana está pintada sobre una trama muy fina, como la que se saca del algodón.” “Antes de mí, otros restauradores ya le habían dado retoques a la imagen. Eso lo noté desde la primera vez que intervine. Y estoy seguro de que otros intervinieron después de mí.” En 1.982 D. José Sol Rosales realizó un estudio técnico de la pintura a petición del abad Schulenburg que estaba preocupado por el evidente deterioro que sufría la imagen. El contenido del informe que elaboró (“El análisis que ocultó el Vaticano.” Por Rodrigo Vera. El Proceso nº 1.333) es: La imagen está pintada “sobre una tela de lino y cáñamo” “Tradicionalmente se ha dicho que esta obra está ejecutada sobre el lienzo desnudo; esto es totalmente falso, pues es evidente al examen ocular la presencia de una preparación de color blanco, de un grosor que podría considerarse medio y aplicada irregularmente.” “La pintura es la ejecutada usando diversas variantes de la técnica modernamente conocida como temple; una de ellas, la usada en manto y ropaje, fue empleada en el S XVI con el nombre de aguazo, deriva de las técnicas en la pintura de las llamadas sargas y presupone el realizar la pintura sobre el lienzo humedecido ligeramente para facilitar la fijación del color.” “El negro seguramente es un negro de humo usado tradicionalmente en todas las épocas... El blanco es, con toda seguridad, sulfato de calcio... Los pigmentos azul y verde son, con mucha probabilidad, óxidos básicos de cobre... Las tierras son óxidos de hierro... Como pigmentos rojos, además del óxido de hierro rojo, se usaba el bermellón, compuesto de azufre y mercurio, y el carmín de la cochinilla mexicana.” “Con un examen ocular, auxiliado de luz rasante y con luces ultravioletas, se detectan diversas áreas de repintes en zonas importantes... También se detectan repintes en el fondo, manto y a lo largo de la unión de los lienzos.” De todo ello, se informó al Vaticano y más concretamente al cardenal Sodano. (“Manos humanas pintaron la guadalupana.” Por Rodrigo Vera. El Proceso nº 1.332) En una de sus cartas, el abad Schulenbur aseguró: “... y nos dimos perfecta cuenta de que reunía todas las características de una pintura hecha por mano humana, con el deterioro propio de la antigüedad de la imagen misma. Dicho examen crítico lo enviamos a esa sede apostólica como un signo de honestidad y de amor a la verdad.” “El consultor histórico del Vaticano ni siquiera mandó analizar la imagen de la guadalupana para comprobar que, efectivamente, fue hecha por un pintor del S XVI y no producto de un milagro.” En 1.999, el cardenal Rivera Carrera, arzobispo de México y destacado pro-aparicionista, le pidió al microbiólogo Leoncio Garza-Valdés (conocido por su errónea impugnación de la datación por C14 de Santo Sudario de Turín falseada, según él, por la existencia de microorganismos en las muestras) que realizara una investigación sobre el lienzo. Según D. Leoncio (“La guadalupana: tres imágenes en una.” Por Rodrigo Vera. El Proceso nº 1.334) empleando técnicas de fotografías con luz ultravioleta e infrarroja con material mucho más moderno que el de Smith y Callahan, descubrió que hay tres imágenes superpuestas, una primera completamente diferente a la actual con un niño Jesús desnudo en brazos e idéntica a un relieve en madera situado en el monasterio de Guadalupe en Extremadura. Está fechada (la pintura) en 1.556 y firmada con las iniciales M.A. ¿Marcos Aquino? La segunda es muy similar a la actual, pero con el rostro con rasgos más indígenas. La tercera es la que conocemos. No obstante, hay que hacer notar que sus dos acompañantes en la investigación, el Dr. Guilberto Aguirre y el fotógrafo Lester Rosebrook se desmarcaron de esas conclusiones en el artículo “Test of faith” John MacCormack. San Antonio Express-News de 2 de junio del 2002. El Dr. Aguirre aseguró: “Dr. Garza-Valdes and I have the same images, but our conclusions are entirely different. I can´t find anyone who agrees with Dr. Garza-Valdes.” “Secondly, he claims to not only see two other paintings, but a nude baby Jesus in the arms of the Virgin, as well as the initials M.A. and the date 1556. I have studied these photos, but I do not see these things.

Otro aspecto que arguyen los escepticos es el misterio en los ojos de la Guadalupana, que atribuyen a paraideloia, la tendencia a ver formas conocidas en algo amorfo. Cuando jugábamos a decir a qué se parecen las nubes, asi las figuras encontradas en las pupilas serian formas superpuestas por una restauracion aparentemente secreta realizada en los años de 1920 en los dañados ojos de la imagen, o cuando mucho figuras encontradas por mentes pre-influenciadas a creer en el carácter divino del Ayate, pero como veremos mas adelante esta aseveración queda sin bases al comprobarse por medio de tecnología moderna dichas ideas.

Lea la seguna parte Aqui:

El enigma de Guadalupe II PARTE

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