TENEMOS VISITANTES
Dr. Luis Guillermo Brenes, Geógrafo
Siempre he pensado que el universoes muy vasto para la sola presencia humana y que
las fuerzas creadoras del cosmos no debieron agotarse en el desarrollo de la vida sobre el
planeta tierra. Sería tan sólo un ensayo perdido de civilización el hacer germinar sobre la
tierra, planeta realmente milagroso, el desarrollo de la vida.
Ni tan cerca del sol ni tan largo de él, aquí tiene a lugar uno de los grandes misterios sin
resolver, la existencia. Por años ha habido un despliegue de polémicas entre la probalidad
y la no probalidad de la vida fuera de nuestro planeta. Los astrónomos manifiestan que
estadísticamente y como probalidad real, la existencia de esas relaciones en el universo,
al igual que en el sistema solar podrían dar lugar a formas análogas de vida.
Las revelaciones, la especulación, las experiencias de algunas personas con objetos no
clasificables se han enfrentado a una reacción científica y crítica frente a esa posibilidad,
no sólo la de la existencia de la vida en otros sitios del universo, sino también a la de razas
más avanzadas en el conocimiento científico y tecnológico. Quizás inteligencias que
han superado los postulados de las leyes de Newton y han avanzado más en las ideas de
Einsten y de Hawkins.
Tener la experiencia de visualizar algo extraordinario, es quizás motivo de regocijo, de
envidia, de descrédito, me atrevería a adelantar que quizás muchos colegas y autoridades
universitarias, dirían que el Profesor Brenes ha entrado en una etapa febril de senilidad y
su declinación mental aconseja una recomendación administrativa para que se jubile.
Dios no ha querido que tal cosa suceda, porque quizás he sido responsable de afianzar la
creencia de muchas personas de que somos objeto de atención, de lejanos visitantes, al
menos de visitantes con otras tecnologías diferentes a las nuestras, posiblemente hayan
superado su etapa primitiva de evolución y ya no dependan de políticos y administradores
para gobernar el desarrollo de sus mundos de origen, al menos esa es una esperanza de
carácter universal.
Soy profesor Catedrático de la Universidad de Costa Rica, trabajo desde hace más de 30
años en esta casa a la que todo debo, me desempeño como profesor de Geografía y he
sido Director de la Escuela en años anteriores, iniciando, fortaleciendo la disciplina, siempre
ubicando nuestro contexto en la sincronía de los tiempos astronómicos, geológicos y
humanos. Ello me ha llevado a la lectura y reflexión sobre esos temas, y añoré, como muchos
niños, quizás más inteligentes y abiertos que los adultos, el tener alguna experiencia
sobre otras realidades lejanas.
La fortuna, la buena disposición de un gran Amigo y la curiosidad familiar y de otros amigos,
y la necesidad de escapar al ruido de la ciudad, enajenada de espacios sanos y
abiertos como nos gustan y amamos quienes todavía creemos que la naturaleza y no el
cemento es el legado más grande que tiene la humanidad, se conjuntaron el día 1 diciembre
del año en curso Wilberg Gerardo Sobaja Castillo, biólogo de gran trayectoria,
Giovanni Oconitrillo Chaves, discípulo y amigo enorme y transparente como un cristal y
Lorenza Murillo Monge, un hombre práctico gran luchador y de iniciativas constantes, nos
dirijimos al otro Guanacaste, al Guanacaste de las montañas, los pequeños valles y las
exposiciones de las rocas más antiguas del país. de terreno en la Provincia de Guanacaste,
concretamente a visitar una localidad . Nuetro propósito, visitar el Cerro Indio, en el
Distrito de Cóbano cerca de la localidad de la Tigra, al sur concretamente, de esa ruiseña
localidad en donde contactamos a don Olivier Salazar Ferrero, con quien caminamos a
ese enigmático lugar, en cuya falda oriental se sabe de la existencia de la existencia de
un cementerio indígena, que fue obviamente saqueado, incluso por una empresa constructora,
según nuestro testigo local, y donde se extrajeron básicamente jades de gran
valor.
Sector de la Hoja Venado 1:50000 con las localidades geográficas mencionadas.
Luis Guillermo Brenes y don Olivier Salazar, en la cima del
Cerro Indio.
El Autor, Lorenzo Murillo Monge y Wilber Sibaja Castillo
Al centro Giovanni Oconitrillo Chaves, la observación
de su esposa Alejandra, llevó al esclarecimiento del hallazgo.
A las 11 de la mañana iniciamos el ascenso desde la población, pasando la Quebrada la
Tigra y dirigiéndonos hacia el sur por un sendero de montaña, estrecho y encajonado entre
los flancos de las colinas. A ambos lados las fincas y potreros nos deparaban un concierto
de paisajes de montaña realmente espléndido.
Paisaje sobre el Golfo de Nicoya, la capacidad de visión hacia el cielo es total, aunque hay una ligera nubosidad.
Al fondo la Isla Venado. En el plano intermedio, las llanuras aluviales, humedales y esteros.
El paisaje Montañoso de Níspero, desde la Cima del Cerro Indio, en el descenso de la ladera se encuentra
el cementerio indígena. Estructuras montañosas sobre rocas sedimentarias y con algún grado de hidrotermalismo
y metamorfismo por contacto. Enmascaradas por suelos arcillosos sobre los cuales se ha instalado
el bosque húmedo tropical y su transición al bosque premontano. Además de los árboles nativos de Guapino,
Gallinazos, Guanacastes, la teca ha venido repoblando esas tierras, mientras los campesinos son acechados
por la especulación comercial de sus tierras.
La caminata no fue extenuante, pero el calor y la topografía abrupta fue fuerte para llegar
a la cima del Cerro Indio situada a 460 msnmm y ubicable en las coordenadas planas 212
250 000 y 410 000 de la Hoja Venado.
Al ser las 11:49:16 del sábado, 01 de diciembre de 2007, y con una visual norte-sur desde
la montura topográfica ubicada entre las divisorias de las Quebradas Huertas y Tigra,
se tomó, para efectos de reconocimiento esta fotografía absolutamente sin manipular, tal
y como se obtuvo del registro digital de la cámara fotográfica.
El Origen de las casualidades
Como todo acto inesperado, este comenzó con el olvido de las cámaras que normalmente
utilizamos en nuestras salidas a terreno, Lorenzo Murillo por una bendita y afortunada casualidad,
había comprado un aparato digital a su yerno, quien posee una tienda de cómputo
y aparatos fotográficos y llevaba la cámara de recién adquirida.
Una vez que se manifestó al grupo la ausencia de una cámara, Lorenzo tal y como siempre
ha sido puso a disposición del grupo su recién comprado aparato fotográfico, movido
por su afán siempre de colaborar ya además porque el conducía el vehículo que nos llevó
hasta el lugar.
Normalmente cuando el grupo de amigos salimos, hay buenos fotógrafos en el grupo: Luis
Fernando Saénz, Ronald Valverde Guillén, ambos geólogos y quien esto escribe, la fortuna
puso en mis manos un bien de un amigo y de ahí quien fuera yo quien tomó la fotografía,
más pensando en las laderas de la montaña, como me hace normalmente proceder mi
formación de geomorfólogo, que en el objeto que luego aparecería al procesar las fotografías
en la computadora de Lorenzo Murillo.
Lorenzo no notó nada extraordinario, la curiosidad vino de parte de la esposa de don Giovanni
Chaves, cuando Alejandra su esposa vió algo extraño en el registro, al aumentar
con el zoom apareció esa bella imagen que ahora compartimos con toda la humanidad,
para decirles en estas navidades que el trabajo en grupo de unos amigos entrañables
costarricenses, le avisan a la humanidad con toda humildad y alegría, que es cierto, tenemos
visitantes.
Recorte del registro fotográfico original, nótese la estela con el fondo del color del cielo
Segunda Ampliación sin ninguna modificación
Tercera Aproximación, con uso de filtros para luz, contraste y gamma del Programa Faststone Image Viewer
Cuarta Aproximación permisible, para evitar pixelisación de la imagen, nótense con claridad los componentes
estructurales de la nave.


